Así como ellos, «Hagan lo que Él les diga»

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Así como ellos, «Hagan lo que Él les diga»

La principal virtud de todo cristiano es (debe ser) la obediencia, sin embargo, no hay que olvidar aquella máxima que indica que “la santidad consiste en alcanzar todas las virtudes en grado heroico”. Esta es la primera Jornada Mundial de la Juventud con estilo mariano, y qué mejor modelo de santidad y obediencia que la misma virgen María. Santa María La Antigua (patrona de Panamá) será modelo y guía de millones de jóvenes en este encuentro, movidos con un solo amor en el corazón: el amor por Jesús. Ese es el amor que debemos procurar tener todos en nuestro corazón, así como lo tuvo María cuando dijo confiadamente en las bodas de Caná “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5).

Ellos son ejemplos de virtudes y santidad para los jóvenes

“Hágase en mi según tu palabra” Lc 1,38, es el lema que se ha escogido para esta Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), donde millones de jóvenes se congregarán a escuchar esa palabra de Dios para sembrarla como semilla en sus corazones y permitir que dé frutos y haga vida en ellos. Estas 8 vidas que vamos a ver corresponden a hombres y mujeres que supieron hacer lo que Él les decía y por eso permitieron que en su vida todo se hiciera según su palabra.

San Juan Bosco: la alegría de llevar el tesoro del evangelio dentro de sí

Juan Bosco, conocido después como Don Bosco, desde muy joven vivió apegado a la piedad y la fe, cosas que aprendió de su madre Margarita, quien fue su modelo de virtud, templanza, carácter y amor.
De este joven alegre, “santo con una sola pasión”, podemos aprender su visión optimista y humanista, también su gran sentido de la responsabilidad que vivía siempre con alegría. Todos los jóvenes podemos tomar su ejemplo como modelo de amistad y el diálogo. También fue un buen consejero, siempre dispuesto a orientar a quien se lo pedía.
A imagen de Don Bosco vivamos con la alegría de llevar el evangelio en el corazón.

Sor María Romero Meneses: “un Don Bosco en Femenino”

Esta monjita de origen nicaragüense, nació en “cuna de oro” pues sus padres eran muy ricos, pero desde temprana edad se vio cautivada por la pobreza del evangelio, la cual supo abrazar con total entrega, haciéndose novicia de la congregación Hijas de María Auxiliadora (FMA), donde hizo sus votos perpetuos a la edad de 27 años.
Sus incansables obras sociales que realizó en Costa Rica, país a donde fue trasladada por su congregación y también en su natal Nicaragua, le hicieron ganarse la fama de santidad. Llegó a tener 58 oratorios, consultorios médicos, internados y otro número considerable de obras que beneficiaban a la sociedad. De Sor María Romero podemos aprender ese especial desprendimiento de lo material y su opción por los pobres, desposeídos y más vulnerables de la sociedad.
A ejemplo de sor María sepamos seguir a Jesús con desprendimiento total de lo propio, confiando en Su voluntad y Su providencia.

Beato Arnulfo Romero: como buen pastor dio la vida por sus ovejas

Más conocido como Monseñor Romero, el Beato Arnulfo Romero, nombrado así el 23 de marzo del año 2015 por el Papa Francisco. Su vida fue siempre una incansable defensa de la paz y un constante sufrir con amor las persecuciones que sufrió, tanto él como el resto de los miembros del clero salvadoreño, a quienes acogía con especial ternura y dedicación.
Su vida y su testimonio, así como sus homilías, forman parte de un tesoro espiritual de un valor incalculable para el pueblo salvadoreño, que tiene en Monseñor Romero a un mártir que defendió su fe y su causa hasta el último momento de su vida, manteniendo siempre un celo ferviente por el evangelio.
A ejemplo de Monseñor Romero sepamos seguir a Cristo con valentía y coraje, pero abrazados a la paz.

San Juan Pablo II: el grande, “eternamente joven”

Todos podemos recordar la sonrisa amable y siempre franca de Juan Pablo II. A este eternamente joven los rigores de la guerra y la persecución nunca pudieron borrarle la sonrisa y la capacidad de entrega y sacrificio. Nació en Polonia, específicamente en Wadowice, en 1920.
Se ordena sacerdote en 1946. Prontamente fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia en 1954 y asume el cargo en 1964. Se hizo famoso por su agudeza mental y sus comentarios asertivos en los concilios, por lo cual fue nombrado cardenal por Pablo VI en 1967, siendo uno de los más jóvenes de entonces.
Tras la muerte de Juan Pablo I, el entonces cardenal Karol Wojtyla es elegido Papa y adopta el nombre de Juan Pablo II, para asumir el que sería uno de los pontificados más largos de la historia, el cual se caracterizó por su opción privilegiada por los jóvenes. Fue el precursor de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Murió en la pascua de 2005. Es canonizado el 27 de abril de 2014, en una ceremonia oficiada por el papa Francisco.
De Juan Pablo II podemos aprender: su amor por la vida, la juventud, su vocación al servicio y la entrega al trabajo y el sacrificio, pero sobre todo, esa eterna juventud en el corazón hasta su último aliento, a sus 85 años.
A ejemplo de Juan Pablo II sepamos ser siempre jóvenes, enérgicos, alegres y comprometidos.

San José Sánchez del Río: San Joselito, “un pequeño mártir”

Con apenas 15 años de edad este jovencito fue martirizado durante la guerra de los cristeros en México. Tenía tan solo 13 años cuando comenzó el conflicto, y tras mucha insistencia se logró unir al improvisado ejército, pero solo como portador del estandarte de la virgen de Guadalupe.
Fue hecho prisionero por la tropa enemiga y el general le dijo que se uniera a su causa por su valentía, pero José se negó diciendo que prefería que lo fusilaran a unirse a los enemigos de Cristo Rey. Días más tarde fue torturado y fusilado a puñaladas. Los testigos cuentan que tras cada puñalada José solo gritaba ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María de Guadalupe!.
De San Joselito podemos aprender su fe inquebrantable, su valentía y su coraje, que lo llevaron a afrontar con entereza la horrible muerte que le propinaron.
A ejemplo de San Joselito seamos valientes y decididos en cada momento de nuestras vidas.

San Juan Diego: “Juanito, Juan Dieguito”

Tuvo la fortuna de ver a María por cinco veces, bajo su advocación de Guadalupe, y además fue elegido por ella como “su mensajero” para hablarle al obispo y pedirle que construyera un templo al pie del monte Tepeyac.
El mismo cuenta la historia de cómo fueron las apariciones: primero el obispo no le creía y no dio crédito a sus palabras, luego de varios intentos se le aparece nuevamente la virgen y le pide que recoja unas flores y las lleve al obispo. Juan Diego obedece y al abrir su tilma frente al obispo aparece en ella la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Le creen y enseguida comienza la construcción del templo. Juan Diego vuelve a encontrarse con la virgen y su tío sana.
De Juan Diego podemos aprender la prontitud al servicio, la humildad y la escucha activa al llamado de María.
A ejemplo de Juan Diego sepamos responder con prontitud al mandato de Dios.

Santa Rosa de Lima: “primera flor de santidad de América”

Bella tanto físicamente como de corazón, recibe el apodo de “Rosa” al cual ella agregaría más tarde “de Santa María”. Nació en Lima en 1586, en el seno de una familia de pequeños propietarios que se esfuerzan por darle una buena educación. Sentía un profundo llamado a la vida contemplativa pero a la vez sentía también el llamado a realizar su vocación en el seno de su familia, por lo que construye su “pequeño oratorio” en el jardín de su casa.
Desde niña se consagró al señor y fue un modelo de fe, virtudes y cualidades para su familia y para todos los que le conocían, quienes quedaban prendados de su amabilidad y de esa dulce fragancia de santidad que desprendía. Fue una mujer de profunda oración y contemplación en lo secreto y supo labrar su propio camino a la santidad con sacrificios y oración.
De Rosa de Lima podemos aprender el inmenso amor por la oración y por la familia como seno de la vocación.
A ejemplo de Santa Rosa sepamos ser también luz en nuestros hogares y llevar esa fragancia de santidad por donde vayamos.

San Martín de Porres: "Fray escoba"

Este joven de piel oscura, hijo de un gobernador español, caballero de la Orden de Calatrava, desde temprana edad sintió el llamado a la vida consagrada, pero no le recibían en el convento como hermano por su color de piel. Nació en Lima, en el año 1579.
Vivió durante unos años en Panamá con su padre, quien había sido nombrado gobernador de esa provincia. En el año de 1590 vuelve a Lima junto con su madre y su hermana. Logra ingresar al Convento de los Dominicos tras mucha insistencia. Estos solo le aceptan como “donado” (el grado más bajo que podían tener allí), como servidor de todos, sin ser hermano de la orden. Martín estaba feliz y su trabajo consistía en ser portero y mantener limpios los patios, por eso se le veía siempre con una escoba.
Daba de comer a los pobres que se acercaban a la puerta del convento, dándoles, sobre todo, su amable sonrisa. En el año 1603, tras muchas muestras de santidad y ejercitar la caridad día y noche, toma los votos como hermano consagrado de la orden.
De San Martín podemos aprender la alegría de la humildad y a servir con sencillez en cada cosa que nos toque realizar.
A ejemplo de Martín de Porres sepamos llevar con humildad y alegría cada una de las labores del día a día, sabiendo que Dios tiene algo grande para nosotros.
Estos son los 8 patronos de la JMJ Panamá 2019 bajo el cobijo de Santa María La Antigua. Que el ejemplo de estos hombres y mujeres, que supieron hacer vida la palabra de Dios en sus vidas, sea para nosotros también un modelo y podamos configurar nuestras vidas con sus testimonios y, como ellos, hacer lo que Él nos dice.