“Nuestra recompensa no es nuestra motivación, sino Cristo que vino a servir”

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“Nuestra recompensa no es nuestra motivación, sino Cristo que vino a servir”

Miles y miles de chicas y chicos de todo el mundo, tienen la misión de hacer ver a Jesús de la mejor manera. Con el servicio desde el Amor de Cristo, los y las jóvenes creen que dando el ejemplo, puede cambiar el mundo.
Así lo vive Juanita Henao Girard una joven muchacha de Medellín de 23 años que sabe perfectamente a lo que vino. Con una gran devoción a la Virgen de Fátima, nos enseña que dejarse amar por Jesús, es la clave para llevar esta tarea.
¿Por qué viniste?
Desde que empecé mi proceso de conversión, me enamoré más y más de Cristo. Sentí una necesidad insaciable de servirle, de acercarle muchos jóvenes a El y que puedan experimentar lo mismo que yo.
Es como un propósito que tienes...
Si, es verdaderamente a lo que estoy llamada, y a hacerlo a través de las cosas cotidianas y sencillas. No creo estar llamada a la vocación religiosa, pero estoy segura que si lo estoy para la matrimonial.
¿Y cómo fue ese proceso de conversión?
Yo siempre tuve presente a Dios en mi vida porque mi familia es católica y mi colegio es del Opus Dei. Sin embargo, lo tenía lejos. Lo reconocía en su existencia, pero no tenía en cuenta lo esencial de El (Jesús). En 2015 cuando mis padres se separan, acompañé a mi mamá a un grupo de oración para que no esté sola. Allí rezaban el Rosario, oración con la que no me sentía a gusto por ser repetitiva. Pero en esa noche, me preguntaron cuales eran mis intenciones y expectativas y me pareció extraño. Pero bueno, pensé en 2 cosas: la conversión de mi ex novio y para que me pudiese defender en la Fe. Y cuando empezamos empecé a llorar, no sabía bien porqué, pero lo lloré todo. Ahí realmente lo viví con mucha devoción y a partir de ese momento, lo empecé a rezar con más frecuencia.
¿Con eso bastó o continuó?
Siguió. Como al año hice un retiro hecho por laicos para laicos y me di cuenta que lo había disfrutado porque había sido la Virgen la que me fue preparando para que no tuviera escapatoria del amor de Cristo. Allí vi su rostro por primera vez y me di cuenta de lo que era ser católica. Y desde aquel momento supe que tenía que servir.
¿Ves el rostro de Cristo en esta JMJ?
Lo veo todos los días. Lo veo en mis compañeros, en los peregrinos, en la gente de acá de Panamá y en la gente que vive en la calle. Es un don que hay que pedirle todos los días. Necesitamos verlo en los que sufren, en los que tienen hambre. Y muchas veces, somos nosotros los que no lo queremos ver. Por eso hay que rezar.
¿Superó tus expectativas?
¡Uufff! -risas- Nunca imaginé que esto podía llegar a ser así. Es vivir inmersa en un mundo sin fronteras, sin límites, independientemente de las diferencias de lenguas, culturas. A todos nos une el amor que sentimos por Cristo.
¿Te es difícil hacer el voluntariado? Porque con todo lo que cuentas, me suena a fácil...
La verdad es que estoy cansada -risas-, pero es algo que no cambiaría por nada de el mundo. Mas allá de las incomodidades o de la comida que es distinta a la de mi casa, esto no se cambia por nada y es que cada segundo valió la pena.
¿Hay una recompensa después de esto?
Bienaventurados los que llevan la paz y nuestra recompensa será grande. Pero esa no es nuestra motivación, porque Cristo vino a servir, igual que nosotros. Y yo siento que cuando uno sirve, recibe mas de lo que da. Es un plus que sucede cuando nos dejamos desgastar por el amor.
Hablaste de ver rostro de Cristo en amigos, ¿Pudiste hacerlos acá?
Más bien hice hermanos. Y son hermanos de todas partes que siempre voy a llevar en mi corazón.
Eres muy devota a la Virgen de Fátima...
Si, muy devota. Ella es la que está en nuestro grupo de oración y el año pasado me pude consagrar a ella, el 13 de mayo, que es justamente su día. La llevo conmigo siempre, incluso en mi teléfono móvil. No podía creer que estuviera acá en Panamá. Por suerte la pude ver en primera fila, y estando arrodillada, no dejaba de llorar. Cada vez que estoy con ella, recuerdo su amor infinito por nosotros, que es maternal y que, sólo como madre que ama a sus hijos, puede dar. Además, es el camino mas rápido y seguro para llegar a Jesús.
¿Qué piensas del Papa?
¡Lo amo, es divino! Ayer cuando lo vimos, nos permitió experimentar la paz que transmite. Es verdaderamente la presencia de Cristo en medio de nosotros. Siento que junto a San Juan Pablo II y Benedicto XVI, son el complemento perfecto. Recuerdo que cuando fue a Medellín, le escribimos un cartel que decía "Contigo, los jóvenes más cerca de Jesús", y eso es lo que estoy viviendo en esta jornanda.
¿Qué vas a hacer luego de esta jornada?
Creo que vuelvo transformada, como cada vez que termino un retiro de jóvenes. Mi vida se parte en un antes y un después de haber vivido esto.