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Cuando tenía 17 años, terminé un curso de español y mi abuela me llamó con una propuesta. Dijo que había leído en un periódico que buscan voluntarios en España para un evento de jóvenes con el Papa. Quería practicar mi español así que pensé que dicho evento con el Papa sería conveniente e interesante. Me inscribí como voluntaria porque esa fue la única opción que vi, no sabía el significado de la JMJ, yendo a mi primera Jornada en Madrid, no sabía que existía alguna opción de ser peregrino.
Llegué a Madrid y me enamoré con el ambiente que traen los jóvenes de todo el mundo (Saludos a todos voluntarios que vivían en IFEMA). Me enamoré en la unión entre todos, ¡la energía súper positiva! Recuerdo que cuando miré (desde el techo de un edificio) a todos estos jóvenes que llegaron al aeropuerto Cuatro Vientos para reunirse con el Papa, 2-3 millones de personas, sentí un orgullo al saber que podía poner mi grano de arena en eso como voluntaria. No tenía dudas de ser voluntaria en Río y en Cracovia. Me tocaron diferentes actividades, entre ellos; registro de peregrinos, puntos de información, asegurar el camino para el Papa, chofer de los obispos... En todo lo que hago como voluntaria, puedo hacer a otra persona feliz, y eso me carga la energía.
En Río me enteré que existía un voluntariado de largo plazo, miraba a esos voluntarios como autoridad. A ese tiempo jamás creería que un día podía ser una de ellos. Siempre fui voluntaria a corta estancia, y por lo bonito que hizo la Jornada en mi vida, quería ofrecerme más y ser voluntaria de larga estancia. Cuando anunciaron la Jornada en Panamá, decidí intentarlo.
En Polonia muchos querían ser voluntarios de larga estancia, habían más de 100 personas y el Comité podía mandar a Panamá sólo 2. El proceso tenía 4 etapas, ni mis padres creían que podían elegirme a mi.
Cuando recibí finalmente la respuesta positiva estaba saltando en la silla de alegría. Al final me faltaba solo una cosa: pagar el vuelo, pero no me preocupé ya que recibí mucho apoyo de mi parroquia en Bydgoszcz. Mis padres se preocupaban por mis estudios, tuve que pararlos por un año, y renunciar de mi trabajo.
Estoy sirviendo en Panamá desde Marzo 2018 y ¡TODO A VALIDO LA PENA! Me alegro poder ser parte de la Jornada otra vez. ¡Los esperamos a todos en Panamá!
Justyna Urbanowska, Polonia