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octubre 14, 2018
Para la Gloria de Dios, participé en la JMJ Brasil 2013. Esta es mi experiencia: Tenía yo 18 años y tres años de participar en el grupo juvenil de la capilla de mi barrio. Tuvimos muchas dificultades para ir a la JMJ, pues ese año la situación socio-económica de Venezuela comenzaba a agravarse.
Luego de hacer ventas, recaudamos el dinero para inscribirnos y para los pasajes de los siete integrantes del grupo peregrino. La agencia de viajes nos engañó y no había comprado nuestros pasajes. Cuando ya no había esperanza, el último día antes del viaje, conseguimos resolverlo, pero quedamos sin poder solicitar dólares para viajar, ya que en Venezuela hay que pedirlos un mes antes del viaje con el pasaje comprado. Un Sacerdote amigo nos animó a vivir la experiencia, sin un centavo en el bolsillo, pues sentía que Dios y su providencia nos querían dar un hermoso regalo y así fue. Luego de tantas dificultades llegamos a Magé, allá nos enteramos que nuestras familias de acogida junto al Párroco, sabiendo nuestra situación, se organizaron para ayudarnos en todo y realmente no tuvimos que pagar nada. Ese testimonio de Iglesia, de su calor al recibirnos como si fuéramos de su propia familia me llenó profundamente. No nos faltó nada, por el contrario, nos sobró amor, abrazos y testimonios de amor a Jesucristo.
Estando allá motivada por las palabras del Papa le dije a Jesús: “quiero servirte, no me quiero quedar en la cola de la historia” y así fue. Luego de la JMJ, ingresé a la Comunidad Misionera “Alegría y Esperanza” en la cual llevo cinco años y tres años de haber iniciado un proceso a la Vida Consagrada. Por gracia de Dios, fui enviada de misión a Costa Rica en el 2016. Tendré la hermosa oportunidad de recibir peregrinos en casa y de ser yo ahora ese Cristo que recibe con amor, también podré participar del encuentro con el Papa. Verdaderamente el Señor me dio hermosos regalos en aquella Jornada. Ya estoy ansiosa por saber qué me va a regalar en Panamá.
Estefany Mendoza, Venezuela