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enero 2, 2019
La Jornada Mundial de la Juventud fue como una carta que Dios me escribió. A pesar de todos las dificultades (físicas, espirituales y emocionales) todo valió la pena. Aún cuando hubo noches que no había ni donde dormir, la Divina Providencia siempre intervino. Cuando tuve sed y hambre, Él me dio más de lo que esperaba. Fue el momento más increíble de mi vida. Descubrí que somos el cuerpo de Cristo en la tierra. Necesitamos seguir los pasos y ejemplo de Cristo, curar y hacer milagros como Él.
En conclusión, Dios escribió esto: “Hijo mío, siempre te he amado, por favor no pierdas esperanza durante los momentos difíciles. En vez pon tu esperanza en mí. Te he dado a tu Madre María para que ella te cuide e interceda. Pídele que te muestre el camino. Siempre estoy contigo y nunca te abandonaré. Ahora te toca ir y hacer discípulos de mis ovejas descarriadas, permite que me encuentren por medio de ti. No te preocupes, yo estoy contigo. Diles que el Gran Yo Soy te ha enviado.”
Akani Len, Sudáfrica