– 32

– 31
diciembre 21, 2018
– 33
diciembre 19, 2018
El Señor actúa de manera misteriosa y esta JMJ ha sido una proyección real de este enunciado. Siempre cuento cómo después de tantos años quedé aquí, justo donde Él quería.
Resulta que mi familia es muy católica, de abuelas marianas, devotas a la Medalla Milagrosa y a la Virgen del Carmen, de una madre comprometida con 32 años de servicio a la Iglesia Panameña, y en última instancia una suegra catequista. Yo me encontraba alejada del mundo divino.
Hace dos años, un sábado en la mañana quería salir a comprar algunas cosas y le pedí a mi mamá que me acompañara. Me dijo que antes debía pasar a una pequeña pero importante reunión. Llegamos al arzobispado, y en su oficina estaban 4 jóvenes (el grupo fue creciendo), que más adelante serían mis compañeros de trabajo. Fue una total diocidencia que Él nos reuniera, cada uno con sus diferentes habilidades y talentos, llenos de ideas y dispuestos a darlo todo por la JMJ Panamá 2019, inmediatamente quedé en sintonía y contagiada del proyecto.
Me sentía feliz de poder trabajar con jóvenes y para jóvenes pero meses después algo me faltaba. Dejé el estudio de fotografía en donde trabajaba para estar tiempo completo en la jornada, pero al igual que San Agustín, mi corazón estaba inquieto, no eran las personas que me rodeaban, no era la JMJ… Después de 10 años de relación con mi pareja y un hermoso niño de 8 años, entendí que debía estar en gracia. No estaba casada y a pesar de que estaba dentro de nuestros planes no era una prioridad para nosotros.
Poco a poco dedicaba más tiempo a mi vida espiritual, en parte porqué mi ambiente “laboral” me lo permitía pero también porque me iba dando cuenta de lo importante que es nutrirse de Jesús diariamente.
Dentro de las misiones que nos encomendaron al equipo, nos tocó visitar la Basílica de Nuestra Señora de Los Ángeles en Cartago, Costa Rica. Había estado allí hace unos 8 años atrás pero esa visita fue algo turística. En esta oportunidad fue totalmente diferente, rodeada de mis hermanos, a los que anteriormente llamé compañeros de trabajo, La Negrita me ayudó a quitar la venda de mis ojos y me mostró lo que El Señor quería para mí. La emoción y gozo que viví junto a los romeros fue inexplicable. Al regresar a Panamá, le conté a un Sacerdote mi experiencia y sus palabras me quedaron en la mente: Las cosas de Dios no se deben posponer. En menos de dos meses estaba frente al altar con mi esposo pidiéndole al Señor que se hiciera su voluntad, consagrando nuestro amor.
Encontré lo que me faltaba, siempre estuvo frente a mi pero las cosas del mundo no me dejaban verlo. Decidí escribir este testimonio porque quiero que todo aquel que lea estas líneas sepa que Dios está siempre frente a ti, solo debes dejarlo entrar en tu corazón y hará cosas maravillosas en tu vida.
Yanis Chery, Panamá