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diciembre 18, 2018
Año 2015, el siguiente año yo estaría cumpliendo mis quince años. Mi familia se sorprendió al saber que lo que yo más anhelaba no era algo típico de quinceañeras sino ir con mi colegio, Pureza de María, a la JMJ 2016 en Cracovia. Gracias a Dios y al esfuerzo de mis padres, llegó el día en que subí a un avión y comencé a recorrer Europa en preparación a la JMJ.
Cuando pienso en la Jornada, lo primero que llega a mi cabeza es la imagen que vi en la Misa Inaugural: millones de personas en un solo lugar. Y es que, lo increíble no fue la cantidad de personas, sino que a pesar de eso se sentía como si fuéramos uno solo; cómo a pesar de ser de diferentes países, razas y creencias éramos uno sólo en torno a un mismo norte: DIOS.
Lo más loco que hice en la Jornada fue caminar 36 km de camino al lugar de la Vigilia. Era tanto el cansancio que una compañera y yo nos quedamos muy rezagadas. Teníamos calor, cansancio y malestar pero encontramos a una bella señora que nos abrió la puerta de su casa con total generosidad y nos dio agua para poder seguir nuestro camino. Por supuesto, ahí estaba Dios.
Lo más bonito - aparte de TODO - fue el momento en que Papa Francisco anunció que la próxima jornada sería en ¡nuestra Patria! En ese momento todas y cada una de las delegaciones que iban de Panamá estuvieron unidas como una sola; fue increíblemente emocionante cantar el himno y ver cómo gente que tal vez ni siquiera sabía qué era Panamá se emocionaba contigo también.
Andrea Tapia, Panamá