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Mi experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud en el 2002, Toronto Canadá, marcó mi vida y mi juventud. Me sentía con un espíritu libre, vivo y lleno de felicidad al sentir realmente lo que un joven con muchos sueños puede hacer y lograr, traspasando fronteras por todo el mundo.
Leí por primera vez sobre la Jornada Mundial en una revista católica que estaba en casa. Cuando llegué a ese artículo de inmediato dije "yo deseo estar ahí, con tantos Jóvenes, viviendo esa experiencia", la cual se ha vuelto un recuerdo único e invaluable. Trabajé arduamente para lograr asistir a la Jornada Mundial de la Juventud y ¡lo logré, tenía mi pase para asistir!. Nunca me había sentido tan plena, tan llena de vida, al convivir con tantos jóvenes y todos con un mismo fin, conocer y amar a Cristo con la ayuda espiritual del entonces Papa San Juan Pablo II.
Fueron días de convivencia juvenil, con música, alegría, fraternidad, todo era una juventud tan perfecta, lugar y momento correcto, peregrinos de todo el mundo, diferentes cultura y formas de alabar a un ¡Dios Vivo!. Muchos momentos vividos de grandes recuerdos y amistades que aún perduran al paso de los años, de las cuales nos sigue uniendo nuestra Fe.
Ahora que soy madre de dos hijos, les cuento mi testimonio y deseo de corazón que ellos vivan esta fantástica experiencia de la cual fui parte. Aprovecho para recordarles que ustedes, jóvenes, " SON LA LUZ Y SAL DEL MUNDO" y el Mundo necesita Jóvenes valientes, jóvenes felices, plenos y fortalecidos de espíritu y corazón pero sobre todo de la MANO DE DIOS.
Karla Blanco Paredes, México