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Mi experiencia está marcada por la frase del Padre Nuestro "que se haga Tu voluntad". En 2010, me incribir para ser voluntaria en la JMJ de Madrid, fui aceptada, pero por diversos problemas no conseguí participar "físicamente". Cuando Río de Janeiro fue anunciado como sede de la JMJ 2013, decidí participar como voluntaria y ayudar en la acogida de los peregrinos de todo el mundo en mi país. Después de no poder ir a Madrid, la voluntad del Señor quiso que mi comunidad en San Pablo fuese agraciada con la visita de los iconos de la JMJ.
Durante la JMJ Río 2013, varias veces lo que yo "soñaba" era totalmente reorientado por la voluntad del Señor: desde la función que yo tendría como voluntaria (que cambió al menos 3 veces) hasta el lugar del alojamiento (muy lejos de la imagen turística de Río de Janeiro) y las condiciones de la parroquia que nos recibió (mucho calor humano para compensar los baños de agua fría). A lo largo de aquellos 15 días, todo eso me mostraba que la voluntad de Dios es perfecta. Fue hermoso ver, entre otras cosas, cuánto amor el Señor reveló en la comunidad de la Parroquia San José de Magalhães Bastos, cuyas familias abrieron las casas para ofrecer baños y ¡abrazos calientes a los voluntarios!. Además, todos los momentos en la presencia del Santo Padre, recién electo, tan espontáneo. Siempre me emociono al recordar la vigilia en la Playa de Copacabana, en la que millones de personas adoraron al Cristo Sacramentado, en silencio. Después, la frase del Papa en el encuentro con los voluntarios: "¡tengan el coraje de ser felices!".
Salí de Río decidida a ser voluntaria también en Cracovia, en 2016 - y nuevamente el Señor lo permitió. La JMJ 2016 fue una experiencia totalmente diferente de la jornada anterior. Para mí, fue un ejercicio de autoconocimiento, de profundizar la idea de lo que es "servir": la Voluntad de Dios necesita espacio, "es necesario que Él crezca y yo disminuya" (Jn 3, 30). A partir de aquellos días, entendí que Jesús nos llama siempre, por entero, y no sólo cuando queremos o "tenemos tiempo". El amor es exigente, es constante, lo pide todo.
Entre 2016 y 2019 reflexionó sobre ese Amor y las exigencias del Señor, sobre lo que Él quiere para mi vida como un todo. Tuve muchas dudas sobre ir a Panamá como peregrina o como voluntaria. Pensando en las JMJ de Río y de Cracovia, recordé que la decisión nunca es mía, pero necesito dar el primer paso y ponerme a disposición. Reflexionar sobre ello me hace pensar que, de la misma manera que el Señor tocó mi vida durante la JMJ, revigorizando mi fe y mi adhesión a Él, muchas otras vidas pueden ser tocadas, y yo puedo formar parte de eso. Por eso, me propuse ser voluntaria nuevamente y me estoy preparando para, si Dios quiere, servir de nuevo en Panamá, sin preguntas, de corazón abierto y dispuesta a ayudar a otros jóvenes a descubrir la belleza de ser amados por Dios y de corresponder a este Amor con la vida.
Livia Miranda, Brasil