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diciembre 13, 2018
Mi experiencia en la Jornada de Cracovia, me hizo entender el significado completo del lema "¡Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia!" (Mt 5, 7), pues yo tenía todo para vivir una JMJ "tranquila": ya había participado en otra JMJ (Río 2013); estaba solo y no dependía de un grupo; podía comunicar lo necesario en inglés (y en algunos otros idiomas); y no había olvidado ningún elemento necesario para mi "supervivencia" ... Entonces, era sólo reflexionar y entender!
Como el Señor renueva todas las cosas, rápidamente me vi responsable de un pequeño grupo, que habían atravesado el océano sin saber ni una palabra en inglés, sin casi ninguna experiencia de Jornadas y con varios tipos de limitaciones, desde las emocionales hasta las físicas, como la rápida fatiga y la alergia. Yo acepté esa misión con toda la alegría y el coraje y, a pesar de algunos obstáculos, al final logré conducir ese grupo al encuentro con el Cristo, se notaba en la mirada de cada uno que el "objetivo" había sido alcanzado.
Sin embargo, esa experiencia sólo me había hecho entender la mitad del lema, pues yo había sido misericordioso, pero aún no había alcanzado la misericordia ... ¡De una hora para otra yo me convertí en el que pedía ayuda! Decidí ir a la Vigilia solo, ya que el grupo que andaba conmigo decidió ir de compras. Luego seguir en coche hasta el límite del Campus Fidei, con la batería del celular agotada y sin mucho dinero para volver a la casa, que por cierto era bastante lejos del Campus. No logrè retirar el kit-merienda que distribuían por el camino y después de la misa dominical los cielos de Polonia se cerraron conuna lluvia torrencial ... sólo un ángel de la guardia podría ayudarme en esa situación.
En una estación de tren, una joven de nombre casi impronunciable para mí, me vio perdido en medio de la lluvia y decidió ayudarme (a pesar de que ella estaba con un pequeño grupo de amigos). No preguntó nada, sólo quería saber adónde iría; estaba decidida a ayudarme. La primera providencia fue traducir el aviso en polaco de la estación de tren, que decía que el tren que que estaba esperando no estaría en circulación. Si ella no me hubiese ayudado, de seguro estaría allí aún, sin nunca entender lo que el anuncio decía y esperando el tren que nunca llegaría (y que no me llevaría a ninguna parte).
Como la ciudad estaba en caos, comenzamos una verdadera odisea bajo una gran lluvia. Ya había llegado la hora del almuerzo, tenía hambre y necesitaba alimentarme con pocos intercambios polacos que aún tenía, pero que no daban ni para comprar el hueso de la carne de cerdo. Eso no fue un problema para ella y su pequeño grupo, que rápidamente comenzaron a dividir todo lo que tenían, hasta que todos estuviéramos satisfechos.
Después de largas horas (más de tres), varias conexiones y desafíos, llegamos al lugar donde yo podría tomar el autobús que me llevaría hasta en casa y me despedí de aquel admirable grupo con la certeza de que no estaba solo y pude entender el final del verso. Finalmente, con esta experiencia puedo confirmar que los ángeles existen, lamentablemente no tengo como probarlo, pero tengo fe de que es así.
Fabio, Brasil