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diciembre 12, 2018
Participé en mi primera Jornada Mundial en Madrid, 2011.
Tuve muchas dificultades financieras para ir al mayor encuentro de juventud con el Papa Benedicto XVI.
La empresa que nos llevaría a la JMJ no alcanzó el número de personas necesarias para el viaje y las vísperas de la peregrinación, el viaje fue cancelado. Confiando ciegamente en la voluntad de Dios y escuchando una voz que nos pedía no desistir de soñar cosas grandes, conseguimos cerrar con mucha lucha una nueva agencia de viajes.
La mayor experiencia de mi vida sucedió cuando me vi en el aeropuerto con las MALETAS EXTRAVIADAS, sin mucho dinero y con una extraordinaria oportunidad de acoger el presente venido de las manos de Dios por medio de San Juan Pablo II.
Pasé toda la Jornada Mundial de Madrid sin mis pertenencias, sin mis ropas y viviendo de la providencia de Dios y caridad de los hermanos que hice. La providencia sucedió en todo momento, nada me faltó, muy al contrario. Dios me dio 100 veces más.
Mi grupo me acogió y ayudó en todo lo que necesitaba. Fue una experiencia de desapego, mucha gracia y confianza ilimitada en la Gracia de Dios que nunca nos abandona ni desampara.
Las experiencias de JMJ me alimentan e impulsa a continuar la misión que todos estamos llamados: Ser sal de la tierra y luz del mundo. Y así sigo, como laico consagrado en mi comunidad local, llamada Comunidad Javé Nissi, hace 11 años, convencido de la elección de Dios que nos ha puesto en este mundo para servir a los demás.
También estuvimos en Río de Janeiro y Polonia y ahora nos preparamos para Panamá con alegría total en el corazón: Como voluntario, quiero retribuir a todo lo que el Señor hizo por mí y servir como María lo hizo. ¡He aquí, Señor! Hágase en mí tu palabra.
Esperamos con alegría el Papa Francisco en Panamá para dar testimonio de cómo el Señor ama y desea la juventud de todo el mundo.
Gustavo de Oliveira, Brasil