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En un contexto de una familia separada y donde el mundo te dice que si eres profesional tendrás todo, autosuficiencia, poder, éxito, lo necesario para ser "felíz" y donde la soledad es ganancia. Conociendo mi fe, descubrí que "no es bueno estar solo" estaba desconcertada, tenía miedo y decidí que la vida consagrada era lo mejor.
Dios no estaba de acuerdo y conocí a Iván, mi esposo, me encantaba, pero no me veía en una familia. Cuando supe que me iba a pedir que fuéramos novios estaba muy feliz pero aterrada. Fuimos con el Grupo Peregrinos de Guatemala a la JMJ en Cracovia, una familia entera era parte del grupo y aunque en ese momento no me di cuenta, Dios estaba trabajando mi mente y mi corazón.
En el museo de San Juan Pablo II, el tema era la familia y los hijos. En la semana de diócesis mostraron nuestra relación con Dios como un matrimonio y mencionaban las Bodas de Caná, me sorprendí observando el interactuar de la familia que iba en nuestro grupo y descubrí que lo que Dios dice es posible. Al terminar la JMJ Iván me pidió matrimonio y dije que ¡Sí! Cada vez que nos molestamos recuerdo que Dios cambió mi forma de pensar para que pudiéramos ser una familia, así que no me daré por vencida.
Ivonne Rodríguez, Guatemala