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diciembre 4, 2018
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diciembre 2, 2018
Mi experiencia se remonta al 2008 en la lejana Sydney, Australia.
Para mí, esa experiencia fue de grandes preocupaciones que después se volvieron grandes alegrías.
Ayudar a una mujer de 72 años que perdió a su grupo y que gracias a Dios hubo gente buena en mi grupo que ayudó para que su pena no fuera tan grande. Después rumbo al viacrucis, yo pierdo mi pasaporte y billetera en un vagón del metro, gracias a un chico australiano pude recuperar lo perdido.
Yo pensaba que tenía que hacer algo para con Dios por lo bueno que había sido conmigo, estando en la vigilia en Randwick, el Santo padre hace esta pregunta a todos los presentes; jóvenes, ¿Qué están haciendo con los dones que Dios les dió? Esa pregunta me retumbó en la cabeza, yo sabía que tenía que hacer algo, pues no quería ser un siervo perezoso que por temor no diera fruto y regresará a Dios con las manos vacías.
Es así que le prometo que llevaré peregrinos a la siguiente JMJ en Madrid, pero gracias a mis amigos también he llevado o ayudado para que jóvenes participaran en Río de Janeiro, Cracovia y ahora Panamá.
Es maravilloso pensar y creer que Dios nos comparte de sus dones para que nuestra existencia sea más feliz.
Mario Palomera, México