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diciembre 2, 2018
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noviembre 30, 2018
Expresar tanta felicidad en unas líneas es tan difícil, pero quisiera compartir que mi primera experiencia en la JMJ Cracovia 2016 fue algo inolvidable.
Recuerdo que todos hablaban de ese evento como algo grande, pero yo no le tomaba mucha importancia. La invitación que me hicieron con el apostolado con el que sirvo hasta hoy, “Corazón Puro ”, fue providencial; ya que para mí, eso era algo inalcanzable.
Al inicio del viaje, todavía creía que sería una experiencia de turismo, pero fue todo lo contrario. En esta peregrinación, única y necesaria en la vida de todos, pude constatar que la “Iglesia es una y universal”. Mi intención era poder escuchar al Papa Francisco en algún momento, pero el Señor nos dio a mi grupo y a mí, la oportunidad de verle tres veces, a unos 200 metros.
Estar ahí causó en mí algo indescriptible. Emoción al máximo, alegría, derroche de cultura, lenguas, etc. En una oportunidad, tomé mi guitarra y con unos chicos, que ni conocía ni hablaban mi idioma, nos pusimos a entonar el himno de la Jornada. Fue especial y único para mí que me cala cada vez que lo recuerdo.
En la JMJ pude afianzar más mi fe para poder seguir compartiendo y evangelizando con convicción y con alegría hasta el día de hoy, y hasta que Dios me lo permita.
Edgard Zeledón, Nicaragua