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diciembre 1, 2018
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noviembre 29, 2018
Mi "caminar" en la Jornada comenzó hace poco (abril de 2017). Pero este corto tiempo ha parecido un eternidad llena de bendiciones cada día.
Tuve la gran oportunidad de ir a Roma a buscar la Cruz Peregrina y el Icono de Nuestra Señora Salus Populi Romani, representando a Panamá como nueva sede. Desde ese momento le dije al Señor "Wow, lo que viene es grande", y realmente lo ha sido.
Tiempo después, por cosas de la vida -o más bien, por cosas del Señor- me contactaron dos personas de la dirección de comunicaciones del Comité Organizador Local, ambos exactamente la misma semana; y así fue como el 20 de marzo pasado empezó mi voluntariado.
He aprendido muchísimo de mi coordinador. He conocido personas que realmente viven su fe, y que son tan auténticos, entregados al servicio y a la Iglesia; que te hacen querer amarla y conocerla cada vez más, y descubrir lo grande que es el Señor con nosotros; que te hacen ver que aunque te sientas tan pequeño, Dios tiene algo muy grande preparado para tu vida, que más que compañeros de voluntariado, se han convertido en mi familia.
Este ha sido el mejor año de mi vida y todos los días doy gracias a Dios por lo que me ha permitido vivir con ellos, a quienes ahora les tengo un cariño enorme. Deseo con todo mi corazón que otros experimenten la alegría de servir a los demás. La experiencia que se vive sirviendo es una de los regalos más grandes que Dios nos da.
Sigo trabajando con total entrega al servicio y a Dios, esperando lo mejor de la JMJ. ¡Nos vemos en Panamá!
Patricia Robles, Panamá