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Hace algunos años pude vivir por primera vez una JMJ en Sydney 2008. Después de un tiempo, en mi diócesis se formó un grupo para ir a la JMJ Rio 2013. Invité a mi hermana para compartir esta gran experiencia con ella. Durante toda la preparación con nuestro grupo todo fue increíble. Compartimos experiencias y nos preparamos junto a nuestros compañeros.
Días antes del viaje tuvimos un problema fuerte. Todo parecía indicar que no podríamos participar de la JMJ. Pero, como pudimos, con apoyo de nuestras familias y con mucha fe, logramos llegar a la ciudad de Volta Redonda, tres días después de lo planeado a los Días en la Diócesis.
A mi hermana y a mi nos hospedaron juntas, y nuestra familia de acogida no pudo ser mejor. Nos sentimos como en casa en todo momento. Nos despedimos muy tristes de la ciudad por dejarlos, pero con el corazón muy lleno del Espíritu Santo; y así, partimos hacia Rio de Janeiro.
Nuevamente nos tocó hospedaje en una casa y otra vez quedamos juntas, en una ciudad cercana llamada Niteroi. Nuestra nueva familia de acogida fue muy encantadora. Hasta compraron un pastel para mi hermana, ya que ese semana cumplió años.
La experiencia de una JMJ en Rio fue sorprendente. Dios nos bendijo con dos hermosas familias de acogida. Vivir la fe junto a otros jóvenes del mundo, las catequesis con cardenales en tu propio idioma, estar con millones reunidos en la playa de Copacabana en una vigilia con el Papa Francisco. Es una experiencia de fe que todo joven debería vivir al menos una vez en la vida, y yo pude vivirla ya dos veces.
Regresamos a casa muy felices, llenas del amor de Dios para compartirlo con los demás.
Ana Lucía Reyes , México