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La JMJ fue la corona de mi juventud. Así resumo todo lo que significó para mí. Con 23 años, con toda la inocencia y la juventud entre las manos, partí a Madrid. Allí viví lo que de niño soñé. Cuando por televisión veía a esas grandes masas de jóvenes congregado en torno al Maestro.
La enseñanza de Benedicto, en ese entonces, llena de profundidad y sabiduría, pero, a su vez, tan cercana, sació lo que mi espíritu y vida de joven tanto anhelaba: sentido, fundamento y corazón.
Viví esa jornada con una intensidad impensada; principalmente por lo que significó poder participar en ella. Mi origen es humilde, y para llegar hasta Madrid, me tocó sacrificarme bastante. Pero todo ese sacrificio tuvo una recompensa que sobrepasó con creces todas las expectativas.
Voy a Panamá con las mismas ansias. Un poco más maduro, pero con la esperanza intacta de que el Maestro tiene preparadas grandes cosas. Así lo creo, y estoy convencido. Dios es bueno, y la JMJ es muestra de ello.
Alvaro Torres, Chile