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noviembre 11, 2018
Cuando uno es niño y te ves tan pequeño, a veces piensas que no importas. Yo me sentía así, hasta el 2013 que escuché por primera vez sobre la Jornada Mundial de la Juventud y que se realizaría en mi país: Brasil. En aquel año, junto a un grupo de mi comunidad nos organizamos para recaudar dinero y poder asistir. Fue un año maravilloso. Hicimos muchas amistades, pero a la hora de ir fuimos separados, ya que yo me inscribí como voluntaria. En esa JMJ, mi función consistió en comprobar si en los kits de los peregrinos estaban todos los ítems. Pero la experiencia de conversar con gente del mundo entero, aunque fue poco tiempo, fue increíble. Ese gusto de sentirse parte de algo tan grande, hizo cambiar algo en mí. En Cracovia también fui voluntaria, y serví con la misma emoción. ¡Una bendición! Fueron dos semanas con personas maravillosas. Debido a mis responsabilidades en ambas oportunidades, no pude participar de todos los eventos con el Santo Padre, pero a cada instante sentía la presencia de Dios en todos los que estaban ahí conmigo. En Panamá, volveré a servir con todo mi corazón en esa obra tan grande llamada JMJ.
Ionara da Silva, Brasill