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noviembre 7, 2018
Al llegar de mi JMJ Río 2013, me propuse a mí misma ahorrar para ir a la JMJ Cracovia 2016, pero con el pasar del tiempo, comenzaron a pasar varias cosas; cambié de trabajo y obtuve un crédito para hacer algunos arreglos en mi casa. Entonces, comencé a olvidar mi propósito de ir a la Jornada. Pero como los planes de Dios son perfectos, recuerdo un día a las 03:30 am que se encendió mi televisor con el himno de la JMJ Río 2013, se me pusieron los pelos de punta y me fui a trabajar con esa hermosa canción en mi cabeza. Llamé a mi madre a media mañana y le dije lo que me había sucedido. Le dije que yo sentía que Dios me quería allá en Polonia, recibiendo su mensaje. La respuesta de mi mamita fue "Hija, yo la apoyo, puede que no económicamente, pero cuente conmigo. Además yo quiero que usted vaya". Fue así como comenzó nuevamente mi caminar para llegar a la JMJ. Fueron días enteros pasando de iglesia en iglesia solicitando colaboración; con mi alcancía en mano, haciendo rifas. Fue todo un desafío, pero al final lo logré, llegué a Cracovia a vivir la JMJ.
Mi experiencia en Polonia fue gratificante. Me di cuenta que no necesitamos conocer a las personas para poder brindarles un apoyo, me di cuenta también, que el idioma del amor es el mejor del mundo. Dos idiomas diferentes que se encuentran en una oración para nuestro señor Jesús.
Tuve la oportunidad de estar cerca al papa Francisco el día del viacrucis. Ese día pude entender que mi misión en este mundo es ayudar, demostrar a Jesús vivo y resucitado, siendo testimonio de vida. Sé que con esta experiencia que viví, transformé mi vida. Antes, la Eucaristía me era opcional, ahora es un compromiso con mi Padre Dios y su hijo Jesús. Abandoné pecados que dañaban mi vida. Valoro más a mis seres queridos y busco la manera de compartir más tiempo con ellos. Al regresar de mi viaje con una enorme sonrisa, me pude dar cuenta que cuando las cosas están en manos de Dios, todo sale bien.
Adriana Ávila, Colombia