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octubre 30, 2018
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octubre 28, 2018
Para mí fue de gran bendición participar en la JMJ Cracovia 2016 . Dios ya tenía todo preparado para que esta fuera la jornada que yo iba a vivir. Requirió de mucho trabajo, oración y fe para que tuviera frutos el ahorro. Estar en tierra de San Juan Pablo II fue una gran bendición porque mi mamá siempre me hablaba de él y mi papá siempre leía sus mensajes o pasaba muy pendiente de sus viajes apostólicos, me sentía tan en casa, simplemente maravilloso.
He seguido algunas jornadas por televisión y desde la de Madrid por medio de internet. Siempre me emocionaba ver a los jóvenes reunidos por un mismo sentir y con un mismo objetivo, compartir la fe. Para mí vivir la misericordia de Dios fue lo más maravilloso que me pudo pasar, me llevó un par de años poder ahorrar para ir a una JMJ y es que mi sueño era ir a Río 2013 pero Dios en sus planes ya tenía que esa aún no era mi jornada; y es que mi vida necesitaba la misericordia de Dios porque yo venía sintiendo un resentimiento por la pérdida de mi papá, me ha hecho mucho falta. Hace 14 años que no está conmigo pero Dios quiso que así fuera porque él ya había cumplido su misión en esta tierra. Mi jornada tenía que ser esta, donde lo más maravilloso fue encontrar cariño, abrazos, amor y gente maravillosa que entendía mis sentimientos y aunque no habláramos el mismo idioma, compartimos la fe y el amor a Dios.
Dos lugares que me hicieron sentir tranquila y abrazada por nuestro Señor fueron el templo de la virgen de Czetochowa y el templo de la Divina Misericordia que hizo que mi corazón se tranquilizara y aceptará la misericordia de Dios para mi vida. Mi familia también estaba pasando momentos difíciles debido a una enfermedad de mi sobrinito y aún con tantas dificultades Dios y la virgen no nos abandonaron y las operaciones del bebé fue todo un éxito. Desde ese día he dicho con más convicción "Jesús en tí confío".
Marta Morales, Guatemala