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octubre 22, 2018
En 2015 una tía que era como una segunda madre para mí, falleció repentinamente, debido a un ataque al corazón. Yo no lograba superar esa muerte; Definitivamente me dolió demasiado y me enojé con Dios por llevarse a mi tía, así tan repentinamente, sin darme oportunidad de despedirme. De igual forma, yo tenía planificado en 2016 viajar a Polonia para la JMJ y recuerdo perfectamente un día en que el transporte público colapsó y estuve más de 5 horas en tren para llegar a nuestro alojamiento; sin embargo, al día siguiente habíamos planificado ir a el Santuario de la Divina Misericordia. Muchos por el cansancio extremo del día anterior decidieron no ir, yo estaba muy cansada y consideré quedarme, pero al final, me decidí por ir.
Cuando llegué me encontré con una guatemalteca que al verme con la bandera se emocionó muchísimo y me pidió una foto con la bandera de Guatemala, yo acepte y ella me dijo: "cuando entres mira los ojos a Jesús y piérdete en esa mirada..." Entré, y una persona me dió un papel pequeño, en español (muy raro de encontrar en Polonia, ya que todo era en inglés o polaco) y decía: "si rezas la Coronilla de la Misericordia ante un moribundo, yo estaré con él; no como un Juez Justo sino como un Salvador Misericordioso".
Me recordé del día en que mi tía falleció; con mi mamá rezamos unas 20 veces la coronilla y entonces pude ver a mi tía en los brazos de Jesús muy feliz y tranquila. No sé cómo pasó pero yo termine en el altar llorando, casi por 1 hora y un poquito más, delante de Jesús. Cuando salí del Santuario, yo era una persona nueva, más liviana, más sonriente, con un peso gigante menos de encima, en paz. Encontré misericordia en mi dolor, encontré paz y perdón, me encontré de nuevo con un corazón restaurado, lleno de amor, listo para disfrutar la vida y agradecerla.
Sheidy Castillo, Guatemala