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octubre 21, 2018
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octubre 19, 2018
He tenido la oportunidad de participar en dos Jornadas Mundiales de la Juventud; la primera fue en Toronto, Canadá (2002) y fue una experiencia que marcó mi vida, fue la primera vez que viaje sola, sin mi familia, a un lugar donde hablaban un idioma distinto al mío y sin saber que me esperaba, Dios me dio la oportunidad de descubrir a una juventud católica, alegre, unida por un solo sentimiento, ser testimonio para el mundo de que los jóvenes podemos vivir felices teniendo como modelos a Jesús y su madre, la santa Virgen María. Recuerdo con especial cariño, el viacrucis en las calles de Toronto y los encuentros con nuestro ahora San Juan Pablo II. Luego en 2011, viajé a la JMJ en Madrid, España y la viví de una forma diferente, recién casada y sin hijos, fue impresionante ver como más de 2 millones de jóvenes dimos testimonio de alegría y de querer vivir arraigados en Cristo y firmes en la fe. Recuerdo al papa Benedicto XVI, manteniéndose firme ante un aguacero la noche que hacíamos vigilia y demostrarnos cuánto ama a la juventud y a la iglesia.
Espero con ilusión, la JMJ de Panamá, pues será cerca de mi país, Honduras, y estoy ansiosa por vivir una auténtica fiesta latina, que ilumine al mundo con alegría, música, baile y sobre todo con mucha oración y amor entre hermanos. En esta ocasión, lo haré como una joven casada y con dos niños pequeños, que no deja de sorprenderse de la fidelidad y amor que tiene Dios para nuestras vidas.
Invito a todos los jóvenes a ser valientes y decirle SI al Señor, SI quiero tener un encuentro contigo y SI quiero ser testimonio para el mundo entero. La Paz de Cristo.
Bonnie Rogriguez, Honduras