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Una vez un peregrino, siempre un siervo

Retrocedamos el reloj a 1987. Adolfo Araúz Sánchez tenía 26 años y era la primera vez que asistía a una Jornada Mundial de la Juventud. Buenos Aires -“La Ciudad de la Furia”- lo acogió a él y a siete miembros de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, quienes aceptaron ese estatus entre gozoso y retador de ser los primeros panameños en una JMJ.
Al aterrizar en Argentina, los peregrinos se encontraron con un país que acababa de salir de una dictadura militar que había dejado un vacío espiritual en sus jóvenes, y muchas heridas por sanar, por lo que la JMJ resultaba en algo así como una bocanada de esperanza.
Mientras el hoy profesor de biología mira con nostalgia las fotos que retratan su experiencia, se sonríe y se pregunta si el Papa Juan Pablo II se hubiese imaginado que Panamá albergaría alguna vez una Jornada Mundial de la Juventud.
“Cuando me enteré que mi ciudad albergaría la jornada en el 2019 me sentí conmovido porque sabía que el Papa Francisco había escogido Panamá para que muchos jóvenes que no tienen los medios económicos tengan la oportunidad de vivir esta experiencia”.

El camino del peregrino

La JMJ de Buenos Aires fue el inicio de un peregrinaje para Adolfo Araúz, quien tuvo la oportunidad de asistir a dos jornadas más: a Roma en el año 2,000, en la que lideró la delegación y a Toronto en el 2,002, en la que por primera vez la delegación se preparó por más de un año siguiendo un itinerario de formación para poder vivir, a plenitud, la experiencia.
Después de haber asistido a tres JMJ y ser parte de la preparación de las delegaciones que asistieron a las demás jornadas que se han realizado, la trayectoria de Adolfo Araúz se torna invaluable y en la actualidad está aportando sus conocimientos en el equipo que conforma la Dirección Pastoral de la JMJ 2019. Con este equipo preparó la cartilla de las 12 Catequesis Preparatorias, tarea que lo llena de orgullo porque el Ministerio de Educación de Panamá dio el aval para la misma sea un texto de estudio en las clases de religión a nivel nacional.
Está claro que para Araúz existe un antes y un después de la JMJ, y sabe que cada peregrino y voluntario que participa pasa por una transformación positiva y espera que la juventud panameña no sea la excepción.