Unidos por la pasión

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Unidos por la pasión

“Semana Santa: tiempo de infinitas bendiciones, para todo aquel que entrega sus días a la voluntad de Dios.”

Poco a poco nos vamos dando cuenta de cómo obra Dios en la vida de cada uno de nosotros, desde que amanece hasta cualquier pequeñez en nuestro día. Pues, la gracia de Dios, consiste eso: verlo a Él en todas las cosas.
El tiempo de Cuaresma, logra abrir un compás de tiempo de 40 días para reflexionar acerca de un sinnúmero de decisiones que normalmente nos pasan por alto la mayor parte del tiempo. Un tiempo para: “hacer un alto y reflexionar en el camino”, como siempre hemos dicho.
Hoy, hacemos un alto y nos preguntamos acerca de cómo es nuestra relación con: Dios, los demás y con nosotros mismos. Pues, el perdón, es parte esencial de nuestros primeros pasos para vivir una santa Cuaresma, pues es la capacidad para comparar la pasión de nuestro Señor Jesucristo, a nuestras mortificaciones diarias; y más especial aún en este tiempo de reflexión da mucho qué decir de una fe que, más allá que se profetiza, se vive.
Nosotros tenemos una oportunidad única para darle el correcto valor a estos días previo a la próxima Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019.
Cuán importante será para nosotros un momento como este, en vivencia del correcto ayuno, limosna y oración; el cual deberíamos vivir, momento tras momento.
Antes de entrar un poco más en detalle, es importante que sepamos darle valor a lo que vivimos en esta escalonada Pascual:

Jueves Santo

Más que un tiempo de espera a la muerte de nuestro Señor Jesucristo, es el quedarse con nosotros, de su parte hacia la Iglesia, a través de la presencia viva y real en la Santa Eucaristía. En este día en específico podemos conmemorar la transformación de un trozo de pan ázimo, en su presencia corporal y verdadera, por excelencia, la primera transubstanciación, y primera de muchas misas. A los cuales, celebración tras celebración repetimos “Dichosos los invitados a la cena del Señor”, previo al santo momento, dando lugar a recordar el verdadero valor que es estar justo enfrente de Cristo.
También se recuerdan escenarios como el lavatorio de los pies, escena la cual busca recordarnos lo que somos: servidores y pescadores de hombres. Cuán importante ha de ser, el día en que Cristo Jesús, decide quedarse con nosotros, hasta el fin de los tiempos.

Viernes Santo

En el segundo día del Triduo Pascual, llegamos a buscar experimentar la dignificación, por completo y por entero. Y con esto nos referimos a que Jesús, el carpintero, además de hacerse presente, viva y realmente en la Santa Eucaristía, nos hace recordar su calvario y su crucifixión, al retomar la sustantivación de dignificar (dignificación), es cuando intentamos hacer llegar una partecita del gran misterio que se presenta en este día: que un Dios todopoderoso, busque a su oveja perdida, dejando a todo su rebaño; sólo por amor.
Esto es lo que vemos este día, un Jesús que todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. Como vemos en la perfecta descripción del amor en:
El que ama tiene paciencia en todo, y siempre es amable. El que ama no es envidioso, ni se cree más que nadie. No es orgulloso. No es grosero ni egoísta. No se enoja por cualquier cosa. No se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.

1 Cor. 13, 4-7

Si en este momento releemos la cita anterior, pensando en la pasión de nuestro Señor Jesucristo, nos daremos cuenta que es uno de los símiles mejores expresados. Además a esto, notamos este día siete momentos (Las siete palabras de Cristo en la cruz) las cuales dedicó a su entrega por completo. Les mencionaremos algunas pocas:
Pues al solo escuchar: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.” De los labios de Jesús, nos damos cuenta de su certeza de lo alto, y de su entrega sin distinción. Es una de las muestras más significativas de afecto que Jesús llega a dar, hacia una persona que representaba una sociedad con falta de valores, pero consciente y dispuesta a cambiar. Es por ello, que Jesús le abre las puertas del paraíso, ese mismo día.
Otra de sus grandes entregas ese día, fue la de María, como Madre de la Iglesia. Pues al estar ahí, con María, el discípulo amado y pronunciar las siguientes palabras: “Mujer, Ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre.” Vemos que este proyecto de vida, no acaba aquí, sino que continúa y trasciende en el tiempo. Rompiendo barreras de regionalismo, género o razones sociales. Pues es María, madre de Dios; quien permite este verdadero encuentro.
Y esto que acabamos de ver, llega a ser un abrebocas a este conmemorar de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.

Papa Francisco

Sábado Santo

El tercer día de nuestra celebración del Triduo Pascual, tiempo de real espera, pues estamos, como los apóstoles a la correcta espera del resucitar de ese Jesús el carpintero.
Es tiempo de perdón, reflexión, de penitencia y de espera. Y en primera instancia: el perdón, es en esencia y por etimología la acción de “donar” y siendo aún más concreto, la acción de “donarse”. Si en algún momento, recibiste clases de Química, podemos reconocer a los elementos en su mayor expresión con el prefijo: “Per-”, tal como: “Perfluórico, percrómico, Perclorato”, de la misma manera ocurre cuando hablamos de los dones, y nuestro máximo don, como podemos identificar, es el perdón (Per-Don).
Esta Semana Santa, la aprovechamos, para crecer en gracia, edad y sabiduría, tal como crece Jesús al estar cerca de los conocedores de las Sagradas Escrituras. Tales fechas, sirven más que para retomar o conmemorar, funcionan para unir y para transmitir. Enamorados, cada vez más de esta celebración, recordamos con paz lo sucedido estos días de Semana Santa. Vemos un Dios, completamente enamorado de su pueblo, siempre dispuesto a darse, hasta quedarse en la Eucaristía.
Dispuesto a ser recordado: “Al partir el pan”.
Esta es nuestra verdadera escalonada pascual, una cercanía que busca abrazar todo lo sucedido, volviendo a su pueblo más fuerte. Recuerdo tras recuerdo, son momentos que, al mencionarse como instantes nos dejan a nosotros Pueblo de Dios, siempre Unidos por la pasión a su Santísimo Corazón.